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Periódico anarquista
Número monográfico sobre Pedagogía Libertaria
El 13 de octubre de 2009 se cumplen cien años desde que Francisco Ferrer fue ejecutado con la excusa de los hechos de la Semana Trágica, pero el mundo entero sabe que, en realidad, lo que se pretendía era eliminar la propia Escuela Moderna. La respuesta educativa dada por los anarquistas no había sido menospreciada por las oligarquías políticas y económicas de la época, al alimón con la institución que se sintió más amenazada: la Iglesia, que había detentado el monopolio de la educación desde la Edad Media. No hay duda del arraigo de este monopolio, las expresiones como claustro, entrar en capilla, seminario… han dejado huella hasta en nuestro propio idioma.
La Escuela Moderna de Ferrer es una de las manifestaciones de la educación libertaria, pero hay muchas más que requieren una mirada más amplia hacia las líneas fundamentales en las que se basa el concepto y la práctica de la educación que los anarquistas de todos los tiempos han emprendido.
La tenaz continuidad de la educación libertaria a través de los diferentes escenarios sociales sólo se explica por la espléndida energía y persistencia que otorga el convencimiento de su papel decisivo en la consecución de una sociedad más libre y más justa.
A veces, se ha traducido en identificables prácticas educativas y otras veces se ha quedado en el plano de las ideas pedagógicas, pero la presencia de una educación y una pedagogía propias son rasgos de identidad del anarquismo.
Este enfoque no puede ser más opuesto al que el Estado, la Iglesia de turno y los grupos sociales dominantes han utilizado siempre para mantener sus privilegios y su situación de predominio social, económico e ideológico. Predominio que generalmente se consigue instaurando formas de comportamiento sumisas y competitivas desde la infancia.
Veamos en qué consiste esta forma de entender la educación.
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