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Seis días de ira
[Folleto]

Seis días de ira
La perspectiva de morir como perros defendiendo los intereses coloniales de unos pocos magnates acaudalados no le resultó particularmente tentadora al proletariado barcelonés. No menos importante para desencadenar la rabia fue el brote anticlerical que se extendió a raíz del intrusismo del clero en asuntos de la vida pública y privada.Si a esto le sumamos la explotación y la miseria, lo que parece extraño es que no ardiese mucho más de lo que ardió.

Pero no les afeemos la conducta a nuestros intrépidos antepasados, porque si algo no les podemos reprochar es el empeño que pusieron hace cien años en repartir lo mismo que hasta entonces se les había hecho tragar: hostias. Y con tal fin se gastaron los ahorros en un valor seguro como es el petróleo y entraron dispuestos a todo en los tugurios de la clerigalla.

También nosotros nos hemos preguntado cómo se les pudo pasar por alto hacer de la Sagrada Familia un socavón, pero que esa pequeña negligencia estética –ver arder la Sagrada Familia hubiese sido el espectáculo más hermoso de la Historia, solo comparable a la caída de las Torres Gemelas- no oculte el hecho de que redujeron a cenizas ochenta de ciento cincuenta edificios religiosos que había en Barcelona en aquel momento. Y todo ello en menos de una semana.

Sobre la Semana Gloriosa (o Roja, o Trágica como la llamó La Vanguardia) hay bibliografía extensa, así que, poco cualificados para aportar un dato nuevo o discutir los existentes, hemos decidido contar en primera persona lo que vimos durante los días que estuvimos allí en aquella semana de 1909. No es que pensemos que esto va a resultar mucho más interesante, pero sí albergamos cierta esperanza de contribuir a la intoxicación de datos que circulan por la realidad. Hemos llegado a la vaga conclusión de que, cuando esta intoxicación de datos impresione, la realidad dejará de ser definitivamente real.

50 páginas. B/N. Grapado

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