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Consejo de Aragón II
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Consejo de Aragón II
G. Kelsey

"Lo que no se atrevieron a hacer los libertarios catalanes, tomar todo el poder en sus manos, sí lo intentaron hacer los libertarios aragoneses", ha escrito un historiador del movimiento anarcosindicalista español, "y esto a pesar de la guerra, los grupos armados de los catalanistas, del PSUC, y del POUM, posibles repercusiones en el extranjero, el gobierno, y, en fin, a pesar de la propia organización cenetista", representada por su comité nacional.(*) Dejando a un lado las posibles repercusiones en el extranjero, en absoluto importantes para la CNT en Aragón, tenemos aquí una síntesis concisa y acertada de lo que lograron los libertarios aragoneses.
Evidentemente, el momento fue bastante propicio. A principios de septiembre los políticos burgueses, con su República completamente deshecha, huyeron del poder dejando entrar, por primera vez en la historia del país, a un gobierno formado por representantes del pueblo.(*) Dos meses más tarde sin embargo, con los primeros moros de Franco dentro de los barrios sureños de la capital, pareció que la guerra ya había entrado en su recta final. En este momento de crisis ocurrieron tres cosas de suma importancia. La CNT, a través de cuatro de sus militantes más relevantes, entró en el Gobierno; una comisión del nuevo Consejo Regional de Defensa de Aragón se entrevistó con el líder del Gobierno, el socialista Largo Caballero, y llegó a un acuerdo para la legalización del Consejo; y, por último, el Gobierno huyó de Madrid dejándola en manos de otro Consejo Popular.
Seis meses más tarde la situación ya había cambiado bastante. En los alrededores de Madrid los sublevados habían atacado repetidamente y sin éxito la capital. El pueblo, dejado solo por el Gobierno pero luchando por su propia libertad, había conseguido frenar el avance, hasta entonces imparable, de la insurrección militar. Mientras tanto, en Aragón, como ya hemos señalado en nuestro número anterior, la obra revolucionaria del pueblo aragonés se fue extendiendo a lo largo y ancho de aquella parte del territorio liberado por las milicias populares. También bajo el control de una junta popular, y con una organización no menos apolítica, el pueblo echaba manos a la obra para empezar a construir su propia democracia, algo que tenía muy poca a ver con lo que se había llamado así hasta entonces. Por otro lado, en Valencia y Barcelona, lejos del peligro y los horrores de la lucha, el Gobierno y el mundo político y administrativo intentaron recomponer sus cuadros y sus redes de poder. En algún momento durante aquellos seis meses se alcanzó y se dejó atrás, sin percibirlo, la cima de la revolución española. A principios de abril Franco, frustrado en sus intentos de tomar Madrid, cambió de táctica y empezó a reducir el norte...

Fundación Salvador Seguí, Colección Cuadernos de la guerra civil 3/4. Madrid 1987
222 págs. Rústica 20,5x15 cm
ISBN 978-84-87218-00-2

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