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Israel. La gran ilusión
[Libro]

Israel. La gran ilusión
Ideal, imágenes y realidades.

John Schimidt.

El presidente Harry Truman actuó como comadrona en el nacimiento del nuevo estado de Israel y desde entonces ha contado con el reconocimiento de los judíos. Es probable que su actuación estuviera motivada por intereses puramente domésticos, sin embargo, esto no le impidió dejar por escrito, en su diario, que “los judíos no tienen sentido de la proporcionalidad en cuestiones mundiales”, y en una carta a Eleanor afirmó que “los Judíos son como todos los perdedores. Una vez en la cima son tan intolerantes y crueles como lo fueron con ellos cuando estaban abajo".

Estas palabras serían consideradas hoy en día como antisemitas, pero en aquellos momentos reflejaban una opinión generalizada en todo el mundo. Cuando las leí recordé los comentarios de un embajador occidental en una conversación en Tel Aviv hace muchos años: “Pobres judíos; nadie les quiere. Me pregunto por qué será”. No encontró respuesta alguna y era obvio que no la esperaba, pero como profesional de las relaciones públicas, con casi cincuenta años de experiencia a mis espaldas, he estado dándole vueltas desde entonces al problema de imagen de los judíos.

Llegué a Oriente Medio en marzo de 1957, cuando el ejército danés me destinó como observador militar en la Organización para la Supervisión de la Tregua de las Naciones Unidas (UNTSO). Por aquel entonces era yo un joven oficial de 29 años con una graduación temporal de comandante y con apenas unas vagas ideas de los problemas del Oriente Medio y de los pueblos y países de la zona.

Al igual que la mayoría de los daneses de mi generación, albergaba fuertes sentimientos de simpatía hacia los judíos que tanto habían padecido a manos de los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Había estado destinado en Alemania previamente con las fuerzas de ocupación danesas y visitado los campos de concentración. Lo que vi me impresionó en gran manera, pero a mi llegada a Jerusalén estaba decidido a ser completamente neutral en mi función de observador para las Naciones Unidas.

Durante unos cuantos meses trabajé en cada una de las Comisiones Mixtas del Armisticio, Israel-Jordania, Egipto-Israel, e Israel-Siria, pero estuve casi dos años ejerciendo labores de oficial de enlace entre las Fuerzas de Emergencia de las Naciones Unidas, HQ (UNEF) en Gaza y en los cuarteles generales de las fuerzas de defensa israelíes en Tel Aviv, donde se encontraba mi puesto. Durante todos estos años descubrí “otro Oriente Medio” Conforme se iban revelando nuevos detalles y perspectivas, me fui quedando con muy pocas de las ilusiones que en un principio pudiera haber albergado.

Después de mis tres años de servicio en la Organización para la Supervisión de la Tregua de Naciones Unidas (UNTSO), me convertí en oficial de información pública en el cuartel general del ejército danés. Más adelante trabajaría como oficial de información para la OTAN y culminaría mi carrera militar como Jefe de Información Pública, Jefe del Cuartel General de Defensa en Dinamarca.

Durante todos estos años me mantuve bastante activo en los círculos de las relaciones públicas, escribí un libro sobre las relaciones entre las comunidades y numerosos artículos sobre diferentes aspectos relacionados con las relaciones públicas. Fui miembro de la Asociación de Relaciones Públicas Danesa en la que durante algún tiempo actué como su presidente.

Durante estos años, diferentes visitas a Orienta Medio tanto de carácter oficial como privado me han permitido reunir gran cantidad de material para mis artículos y charlas sobre el conflicto palestino-israelí. Intervine en la televisión danesas danesa como comentarista sobre esta cuestión, siempre candente y escribí un libro sobre Israel publicado en su día por Gyldelan Printing House en Copenhague.

Cuanto más reflexionaba sobre la situación, más me convencía a mí mismo de que a través de los tiempos, los Judíos, en un principio, y después los israelíes, han “pecado” contra la mayoría de las teorías de las relaciones públicas y prácticas establecidas. Todas las funciones de la política están, de una u otra manera, relacionadas con las relaciones públicas, al menos como yo las entiendo, siendo un fiel discípulo del profesor Eduard J. Robinson, quien consideraba las relaciones públicas como una ciencia conductual que evalúa las actitudes públicas, evalúa las políticas y procedimientos de un individuo u organización con interés público y planea y ejecuta un programa de acción para ganar la comprensión pública y la aceptación. Políticos, gobiernos y organizaciones religiosas, deben hacer lo mismo. Y todos deben estar basados en una comunicación bidireccional.

Durante años analicé todo el material que pude encontrar sobre la historia de los judíos. Mis estudios confirmaron mis teorías sobre el claro componente de relaciones públicas que subyacía en el fondo de sus problemas. No es mi intención hacer política, sino abordar los problemas desde el punto de vista de un “practicante” de las relaciones públicas. La mayoría de mis fuentes han sido encontradas en material escrito por los judíos. La Biblioteca de Bolsillo de Israel -resumida de la Enciclopedia Judaica- ha sido mi principal fuente.

El primer capítulo versa sobre el mito fundamental: el Pueblo Elegido y la Tierra Prometida. No soy ni un historiador ni un experto bíblico, así que mis puntos de vista podrán, tal vez, ser recibidos con escepticismo por parte de dichos círculos, pero como hay tantas interpretaciones de la Biblia como estudiosos de la misma y como los políticos israelíes se sienten libres para dar sus interpretaciones, no veo por qué yo no puedo hacer lo propio como experto en relaciones públicas.

Sin embargo, siento un gran respeto y consideración hacia los creyentes, pero he abordado la cuestión sin ningún sentimiento religioso personal.

Cuando uso la palabra “mito”, lo hago con toda la intención. Si las personas intentan olvidar las realidades de la historia y de la ciencia y creen en su lugar que los mitos y las leyendas son la verdad, entonces el mundo se enfrentará a problemas irresolubles. Es necesario analizar la situación de uno mismo de manera objetiva, volver la vista hacia atrás, mirar a ambos lados y sobre todo proyectar una larga, larga mirada hacia delante.

Déjenme también citar a un Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, quien me dijo durante una conversación, bien avanzada la noche, tras un día saturado de reuniones: “ En la mesa de negociaciones los Israelíes son sus propios peores enemigos y los árabes, a menudo, sus mejores amigos.”

Queimada Ediciones, Colección Historia de nadie, 4. Madrid 2014
208 págs. Rústica 21x15 cm
ISBN 9788485735549

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