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Eugen Relgis
PALABRAS PREVIAS
El instinto de conservación de la vida es acicateado, como se sabe, por el hambre y la procreación. En el hombre, el hambre orgánica se complicó en el curso de la evolución social con la sed de la fuerza, mientras que la procreación biológica conquistó mediante el progreso cerebral y psíquico, las ilusiones y los ideales del amor.
De cualquier manera, los dos ejes que sostienen la existencia terrestre: el hambre y la procreación, el vientre y el sexo, se mantienen también en la sociedad humana con el mismo implacable rigor que las leyes universales; empero, ellas pueden ser envueltas en esas «superestructuraciones » éticas, estéticas y espirituales que tienden a transformar los medios brutales de lucha por intermedio de las armas del odio, de la guerra, en recursos de creación superior, mediante la solidaridad y la paz, la ayuda mutua y libre concurrencia de los espíritus y de las inteligencias.
Los paralelismos entre el hambre y la procreación se manifiestan en los planos cada vez más elevados merced al equilibrio entre órganos y organismos, entre cuerpo y espíritu, entre individuo y sociedad. Lo temporal nace, evoluciona rápidamente y perece en la eternidad del Cosmos, igual que las olas agitadas en ;la grandiosidad de la armonía del océano, que es al mismo tiempo tormentoso y calmo, constituyendo el elemento pleno de las sucesivas formas de la vida, siendo cuna y sepulcro a la vez...
Ediciones Universo, Cahiers Mensuels de Culture, 27. Toulouse 1950 48 págs. Rústica 20x13 cm
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