Cultura Libertaria

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publicación anarquista

Ruedo ibérico y José Martínez: La imposibilidad feroz de lo posible

José Ardillo

Sobre la historia de Ruedo Ibérico, aparte de numerosos textos y artículos dispersos, se han editado en España dos libros de gran formato. El primero, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico (2000) de Albert Forment, el segundo, La Transición en Cuadernos de Ruedo Ibérico (2011) de Xavier Díez. El que aquí presentamos tiene menos pretensiones en cuanto a la extensión pero no en cuanto al debate de fondo. El libro de Alberto Hernando constituye en efecto un breve ensayo cuyo principal atractivo para todos aquellos interesados en la historia de Ruedo Ibérico es el de abordar en particular la última época de José Martínez, principal animador de esta aventura editorial, al regreso de éste a España. El ensayo se centra sobre todo en el análisis de J. Martínez sobre la realidad política española del momento, los años que cierran la llamada transición y el comienzo de la era socialista. En ese sentido, el libro de Hernando no solo completa los libros anteriores, sino que además aporta una visión más personal, ya que el autor fue amigo y colaborador cercano de J. Martínez. Por todo ello el libro no deja de ser a la vez un homenaje al controvertido editor y a la vez una ocasión para asomarse al tramo final de la reflexión política del personaje, en ese período de los años ochenta donde se desvanecieron las últimas esperanzas de toda una generación.
Como se puede leer en el prólogo, emotivo, de Gerard Imbert: “Nos ha costado, a Alberto Hernando y a mí, escribir estas líneas, salir de nuestra minúscula actitud de reserva “histórica”, volver sobre años de pasión e ilusiones políticas, años aquellos muy revoltosos, por lo menos hasta el 82 (…)”
Alberto Hernando también ironiza sobre aquel final de ciclo cuando alude a los “factores que ocasionaron un desánimo generalizado -cuyas figuras manifiestas fueron el apoliticismo y el refugiarse en creencias esotéricas- denominado eufemísticamente como “desencanto””.
A finales de los años setenta, el desafío para J. Martínez y sus aliados, una vez establecida la editorial en Barcelona, era seguir editando los Cuadernos, plataforma teórica que en ese momento podía servir para romper los consensos que se iban tejiendo entre el nuevo régimen y los principales partidos de izquierda. Esta empresa, no obstante, tenía que sobreponerse a diferentes obstáculos. Como lo explica Hernando: “Pepe Martínez mantenía que los CRI solo podían ser factibles si se cumplían tres requisitos: estar animados por un colectivo coherente en sus planteamientos ideológicos y con asidua comunicación entre sus miembros; poseer un pensamiento político que expresar (inédito, pertinente y pugnaz con el orden capitalista dominante), y poseer una saneada economía (…)” No hace falta añadir que si estas tres condiciones no se dieron entonces tampoco se habían dado en años anteriores y la revista fue siempre un producto con una definición política borrosa y una financiación muy frágil.
El ensayo de Hernando abunda sobre las dificultades económicas y vitales de J. Martínez en ese momento. El ambiente que describe es el de un hombre casi atrapado en una sociedad donde no acaba de encontrar su lugar, viviendo entre dos tiempos, dos países, dos exilios y, a la vez, sin renunciar nunca a reflexionar críticamente sobre la situación política que se va instalando en España. Sus viejos colaboradores y compañeros de exilio, al menos muchos de ellos, han podido medrar en la nueva sociedad, mientras que J. Martínez ha ido radicalizando cada vez más sus posiciones. En realidad, muchos de ellos habrían estado dispuestos a abrirle las puertas de las instituciones, pero para ello hubiera sido necesario que J. Martínez hiciera concesiones que nunca estuvo dispuesto a hacer y que nunca hizo. Este rasgo insobornable de J. Martínez forma parte de su tragedia en un país donde en ese momento todo se ponía en venta. El trayecto político y existencial de J. Martínez en esta última época está tendido entre dos polos, el año 1979, que marca el final del renacimiento truncado de la CNT, y 1986, año de la muerte de nuestro editor, y el momento en que España se confirma como potencia dentro de la OTAN. Entre estos años, se suceden etapas duras que marcan el fin de los Cuadernos, en un país que iba perdiendo pasión por las lecturas políticas, y donde podemos establecer algunos otros hitos como el intento fallido de golpe de Estado o la victoria aplastante en 1982 del partido socialista. Hernando va intercalando fragmentos de cartas y de manuscritos inéditos, donde J. Martínez va desgranando su discurso desengañado sobre la función del PSOE en la construcción de la nueva sociedad.
Estos años finales de J. Martínez tienen mucho de trágico y el ensayo de Hernando tiene la virtud de guiarnos en los últimos pasos de un proyecto de escritura y debate político que ya no tenía apenas sentido en una sociedad que estaba orientada casi exclusivamente hacia la búsqueda de comfort.
Por lo demás el halo que empaña el ensayo de Hernando es, a mi juicio, la excesiva adhesión a José Martínez por parte del autor. Es esa adhesión, hasta cierto punto comprensible, la que le lleva a formular un juicio demasiado severo y a la vez desenfocado sobre el libro ya mencionado de Forment. Es cierto que esta biografía mostraba los lados más oscuros y negativos de J. Martínez, y a veces de manera irónica, distanciada o incluso maliciosa; pero también sus páginas están llenas de elogios y de comentarios admirativos, y esto hasta el final del libro. En esta obra, a pesar de todo, resalta la abnegación del personaje, su entrega, y su insobornable fidelidad a los ideales. Hernando, por el contrario, afirma que en dicha biografía prevalece: “el cliché de un personaje bronco, permanentemente deprimido, intransigente, egoísta, aprovechado de sus amigos, “patrón capitalista” y “autoritario” ergo falso libertario (Forment sentencia)”. Sin pretender asumir aquí la defensa del libro de Forment, hay que decir que nosotros no sacamos esta impresión de su lectura. Lo que resulta curioso es que en el mismo prólogo del libro, Imbert insista en que J. Martínez era la “mala leche” personificada, así como subraya al mismo tiempo su dureza y su intransigencia.
Pero peor aún es la explicación que nos ofrece Hernando sobre el origen del libro de Forment, cuyo mecenazgo correspondió al hermano de J. Martínez, Jesús Amor. Para los lectores que desconocemos todo sobre los detalles “internos” de este episodio, el recuento de Hernando no solo es incomprensible sino que roza el más completo absurdo. En estos casos, o se ofrece una información clara y documentada, si de verdad el asunto tiene algún interés, lo que dudamos, o lo mejor es pasar por encima en silencio. Igualmente resulta chocante el reproche lanzado a José Manuel Naredo. Porque para aceptar que Naredo estaba cometiendo algo así como una traición o un agravio contra su antiguo amigo y colaborador al presentar el libro de Forment, hay que aceptar a priori que dicho libro era una “afrenta”, como lo formula Hernando, lo que está por demostrar. Insinuar que gracias a dicha presentación Naredo pudo conseguir que publicaran su texto Por una oposición que se oponga en la editorial Anagrama me parece una finta poco elegante y además es enturbiar sin necesidad las circunstancias de la reedición del que quizá sea el texto político más importante y lúcido que se publicó por aquella época.
Pero aquí sería aconsejable ampliar la controversia y señalar algo que me parece fundamental. A la vista está que la labor de J. Martínez ha sido pasto de rencorosos detractores y a la vez objeto de adhesiones casi incondicionales. En el valioso libro que se publicó hace un par de años en Francia, Eclats de anarchie, passage de mémoire (2015), el también amigo y antiguo colaborador de J. Martínez, Freddy Gomez, volvía sobre sus antiguas críticas al libro de Forment y reactualizaba su admiración por Martínez a la luz de esa especie de pureza intocable del personaje, cuyos verdaderos designios políticos e intelectuales quedarían, al parecer, fuera del alcance y la comprensión de toda pluma mercenaria. Concedámoslo. Pero que eso no nos haga olvidar lo evidente, y es que la admiración de Forment por su personaje biografiado, tan distinta de la de sus antiguos aliados como F. Gomez y A. Hernando, coinciden ambas al fin impidiendo que nos podamos orientar adecuadamente en el laberinto político de Ruedo. Sin haber vivido aquella época, desde hace tiempo me he interesado por la historia de Ruedo Ibérico sobre todo por su intervención en el movimiento radical y libertario de los años setenta y, en especial, por su aportación precursora a la ecología política con figuras como Naredo. Sin embargo es necesario que critiquemos la etapa “anti-franquista” de Ruedo Ibérico. En efecto, ¿de qué servía querer hacer causa común con un casi ilimitado espectro de izquierdas con el pretexto de un determinado pluralismo? Es verdad que muchos de nosotros podemos sentirnos agradecidos por la valiosa labor editorial de Ruedo. Todavía recuerdo los ensayos de El furgón de cola de Juan Goytisolo, que tanto me marcaron cuando los leí con veinte o veintiún años. Por no hablar de clásicos como el de Brenan, el de Borkenau, el libro de Peirats, etc. Pero aparte de eso no cabe duda de que Ruedo Ibérico fue protagonista de ese improbable frente popular donde, desde el exilio, afinaban sus plumas y sacaban lustre muchos de los que se proponían ser Alguien en el futuro régimen. J. Martínez escribió en 1979, en su conocido texto, “CNT: ser o no ser”: “El antifranquismo obstaculizó la crítica revolucionaria tanto como el franquismo, y prolongó insólitamente muchos procesos de senescencia política.” Exacto. Pero esta sentencia se podía haber aplicado a Ruedo Ibérico, doce o quince años antes. La honradez de J. Martínez consistió en haber dado un oportuno golpe de timón a su barco cuando ya todos se preparaban al reparto de la tarta posfranquista. Pero una curiosa falta de sensatez política, o de coherencia, le condujo a cebar las criaturas que años más tarde le sepultarían en el olvido.
El libro de Hernando, con el respeto que merece, pero sin descartar las críticas que aquí se le lanzan, ayudará, esperamos, a combatir ese olvido.


 

Ruedo ibérico y José Martínez:
La imposibilidad feroz de lo posible
Alberto Hernando
Pepitas de calabaza ed., Logroño 2017
144 págs. Rústica 17×12 cm.
ISBN 9788415862901

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