|
Madrid, 1999. 32 págs. 24x16cm. Ed.: Fund. Anselmo Lorenzo.
Hijo de un indio mexicano y de una socialista pacifista alemana, el ilustrador Carlos Cortez, militante de la Industrial Workers of the World (IWW), políglota y poeta, fue uno de los pocos cartelistas norteamericanos dedicados a la estampación en relieve. Con reminiscencias de Munch y Kollwitz, los rostros estilizados y de pómulos prominentes de sus
figuras agrupadas en paisajes contrastados de blanco
y negro, de austera simplicidad, trascienden el arte
para ser símbolos del compromiso social y político.
Entre los mejores grabados de Cortez están los dedicados a los héroes y heroínas de la clase obrera: Joe Hill, Ricardo Flores Magón, César Chávez... Que la mayoría de estos héroes pertenezcan a generaciones
pasadas no hace que su arte sea nostálgico. La recuperación y reinterpretación de la historia suprimida
es una tarea cultural de todo movimiento político-social y Cortez, firme en su adhesión a la IWW a pesar de la guerra fría, los encarcelamientos de "subversivos" y las listas negras, recuperó el notable legado
artístico de poemas, canciones y material gráfico de
este sindicato y organizó dos exposiciones itinerantes de arte wobbly.
Sus linóleos y xilografías nos hablan de la otra
América, nos descubren a los trabajadores que luchan
en las huelgas y se manifiestan para conquistar mejoras económicas y sociales. Sus cuadernos denuncian las injusticias y opresiones, en sus calaveras del Día de los Muertos, influencia clara de Posadas, maestro
de los grabados satíricos a principios del siglo XX en
México, podemos ver reflejada la angustia vital a la
que no somos ajenos ningún ser humano.
Por el año 1947 viaja a Chicago y empieza a realizar caricaturas para The Industrial Worker, posteriormente linóleos, y a principios de los sesenta empieza a ser conocida entre la generación beat su poesía.
El surgimiento en esos años del movimiento artístico
chicano en California y en Chicago proporciona a
Cortez, a los sesenta años, un nuevo trasfondo a su
actividad, oportunidad de realizar numerosos carteles y un nuevo circuito de exposiciones, que le lanzan a una continua actividad polifacética.
Otra característica de Cortez es su decidida oposición a la comercialización de su arte. Se negó a limitar las ediciones de sus estampaciones, y dejó dispuesto que se realicen más copias después de su muerte, de
modo que se mantengan bajos los precios. Algunos de sus grabados fueron realizados sobre papeles de pasta de madera, muy quebradiza, y otros fueron estampados en el reverso de carteles de offset desechados. No le preocupaba especialmente la calidad técnica: muchas
de sus obras fueron estampadas deliberadamente desiguales o defectuosas. Cortez no es desde luego el sueño de los marchantes de arte; su intransigencia en estas cuestiones puede que haya sido una de las
causas de su reconocimiento tardío.
Para terminar, queda reseñar el contacto que estableció en el año 1999 la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo (FAL) con el artista y
que fructificó en una exposición itinerante que acercó el quehacer artístico de este wobbly americano a los medios libertarios españoles. Cortez donó a la Fundación dieciséis grabados dedicados, algunos de sus libros de poesía y folletos y postales que pasaron a formar parte de la colección de la FAL.
Carlos Cortez, ilustrador y wobbly, nació en Milwakee en
1923 y murió en Chicago el 18 de enero de 2005
|